Armenia Now//:here
Marc Wrasse

 

 


Seis artistas armenios, todos más bien laicos, se encuentran en un famoso monasterio armenio situado más allá de las costas de su país de origen, a saber: en Venecia, Italia. Si lo normal es que los pueblos vivan en su respectivo país de origen, el mundo parece haberse acostumbrado al hecho de que haya algunos que tengan que desarrollar una conciencia de sí mismos básicamente a partir de la pérdida de su tierra natal.
Al enfrentarse a esta paradoja, las ideas que despierta en uno suelen tomar dos direcciones: hacia atrás, es decir, apenarse y llorar la pérdida; o hacia delante, esto es, reivindicar la identidad perdida a través de la noción de una cierta unidad que haga posible que la identidad propia encaje a la perfección con la colectiva, fundiendo ambas en un lugar en el que poder llamarse armenio, con banderas, música, dignatarios y demás. No obstante, ambos hilos de pensamiento no son más que vanas ilusiones: nadie puede llorar una pérdida eternamente, y la belleza de la bandera y de la música no hace sino camuflar la violencia que siempre ha estado asociada al concepto de nacionalidad. No existe ninguna nación sin ejército, ninguna que carezca del humillante desequilibrio entre ricos y pobres y ninguna que deje de sacar músculo para castigar a aquellos que desafían el poder de sus instituciones y que no siguen las reglas del juego, lo que constituye un esfuerzo inútil. Por consiguiente, los armenios a los que no les queda nada más que un sueño o sus ahogadas esperanzas son, según el resto del mundo, los afortunados.
Todo lo que queda del pasado y para el futuro es la vía estrecha del aquí y el ahora, así como la necesidad de especificar lo que significa «armenio» yendo más allá de toda ilusión retroactiva y futura. El arte resulta idóneo para este experimento: su naturaleza más bien pacífica y juguetona se despliega no solo en forma de diálogo entre artistas, sino también en la de un diálogo mantenido con un público confiado.

La nada, el vacío, los huecos... todos se podrían llenar con todo lo que fue o todo lo que podría haber sido si la violencia, que todo lo destruye, no existiera. El arte puede constituir un vacío semejante y todos los que permiten que este les conmueva descubren la nada que se encuentra en el origen de su propia existencia. A modo de vector, Armenia Now//:here representa la interacción del pasado con el futuro, el lapso de tiempo en el que se desarrollan nuestras cortas vidas, en el caso de que se lleguen a desarrollar. Armenia Now//:here impulsa la creatividad recíproca.
Si nos preguntamos, al igual que el 75% de los armenios que carecen de una tierra que puedan llamar suya, cuál es el núcleo de su existencia, si miramos más allá del luto y de la ilusión, o es más, si consideramos, virtuosos, que la identidad es algo que solo se puede entender desde un punto de vista crítico y en el contexto de su formación, la única respuesta posible es llevar a cabo una conmemoración fructífera y tener una imaginación que evolucione a medida que lo hace la historia. Armenia es el lugar en el que la gente recoge los hilos sueltos para tejer con ellos una alfombra, cuyo enmarañado patrón pone de manifiesto su anhelo de tener una existencia libre de abnegaciones. Armenia es el lugar en el que la textura y la forma material de dichos hilos reflejan todo lo que únicamente se podría oír escuchando a los abuelos: un amor inconfundible que destila colores y sabores.